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El nuevo método
de rehabilitación ayudó al joven Petri, de 27 años
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ANNU LIIKKANEN Hace cuatro años, Petri Salo, de 27 años de edad, se lesionó gravemente en un accidente de motocicleta. Él estuvo inconsciente en un hospital durante varios meses, y los médicos les dijeron a los padres de Petri que quedaría como un vegetal para el resto de su vida. Pero gracias a su espíritu luchador y al nuevo método de rehabilitación, como por milagro Petri está nuevamente en pie.
El 2 de julio de 1998 es un hermoso y cálido día de verano en la ciudad de Haparanda, Suecia. El sol brilla en su esplendor, y la vida le sonríe a Petri, un joven de 23 años de edad. Él espera comenzar a entrenarse para ser guardia de seguridad cuando llegue el otoño, y mientras tanto trabaja de chófer de taxi. Hoy probará la nueva motocicleta de su amigo. Petri, que tiene carnet de conducir desde la edad de 16 años, monta la Kawasaki verde y se lanza al camino. Pero él ya no recuerda eso: a tan sólo 500 metros de su casa Petri pierde el control de la motocicleta, choca y sale gravemente herido. Tan herido que nadie cree que sobrevivirá. Salvo su madre Hilkka.
- "Él sobrevivirá, me dije. Y lo repetí cuando los médicos dijeron que Petri no despertará del coma. Él sobrevivirá, dije una vez más", nos relata Hilkka cuando la visitamos en la casa que la familia tiene en Haparanda.
Desde el accidente han transcurrido casi cuatro años, y Petri está bien vivo. Cuando vamos a verle, él se encuentra haciendo una sesión de ejercicio con una bicicleta manual especial en la sala de estar, frente a la tele. En esta bicicleta manual él hace de 10.000 a 15.000 giros... ¡al día! |
![]() Usted mejorará solamente si se ejercita. |
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- "Las manos y los pies trabajan a ritmo diferente. Este es un buen entrenamiento para el cerebro. Es por eso que me entreno todos los días, excepto los domingos", nos dice Petri cuando hace una pausa.
Gracias al intenso entrenamiento, y a una fuerza de voluntad aun más fuerte, Petri puede andar y hablar nuevamente. Aunque parezca increíble.
- "Nada es imposible", asevera el joven de Haparanda con una amplia sonrisa y una mirada penetrante en sus ojos azules. Por otra parte, él no recuerda nada del terrible accidente de junio de 1998 o de los momentos previos a éste.
Alrededor de seis meses han desaparecido de su memoria. - "Lo último que recuerdo antes del accidente es que alguien intentó robarme algo en el trabajo el día 25 de octubre de 1997", dice Petri cuando nos sentamos en la cocina para beber una taza de café. Lo que él sabe del accidente es lo que otras personas le han contado.
- "Vi dos coches que iban a girar hacia la derecha, aceleré y los pasé. Luego, cuando empecé a frenar, la motocicleta comenzó a cabecear".
Pocos segundos más tarde la tragedia era una realidad. La motocicleta estaba en la cuneta, y Petri había volado de la moto y derrapado en el duro asfalto del camino. Una ambulancia le llevó al hospital de Kalix. Ahí los médicos notaron la gravedad de las lesiones y a Petri le llevaron en avión hasta un hospital de la ciudad de Umea, donde hay una sala especializada. Si bien Petri llevaba casco, las peores lesiones estaban en su cabeza.
"Tuve cuatro hemorragias cerebrales, el tronco del cerebro sufrió una lesión muy grave y la parte derecha de mi cuerpo quedó paralizada. Los médicos no me dieron ninguna esperanza de recuperación y me dijeron que nunca más estaría bien. En la práctica estuve inconsciente durante cuatro meses," nos relata Petri. Pero él se negó a darse por vencido. - "Al principio intenté sentarme en la cama, pero no tenía ningún control sobre mi cuerpo. Y aún ahora a menudo sigue igual: siento que mis piernas y la parte superior de mi cuerpo son míos, pero la parte intermedia parece ser de otra persona", señala Petri en su incansable lucha.
Lentamente su estado registraba mejorías: Petri fue transferido a los hospitales de Boden y de Kalix, y el 23 de octubre, aunque sin poder andar o hablar muy bien, pudo volver a su casa.
"Les había dicho a las enfermeras que me iría del hospital en un Rolls Royce, y así lo hice", recuerda Petri mientras sonríe con agrado. Sus esperanzas renacieron de verdad después de haber visto un programa en la televisión finlandesa.
El programa trataba de una mujer que había estado 20 años en un sillón de ruedas y ahora daba sus primeros pasos. Ella logró hacerlo gracias a un nuevo método de rehabilitación desarrollado por un médico alemán que llevaba más de 20 años estudiando el sistema nervioso central. Petri admite con una sonrisa que "ése fue el mejor programa de televisión que he visto en mi vida". El método se basa en un entrenamiento intenso mediante movimientos fáciles, durante cuatro horas al día, con almuerzo entremedio, y de lunes a viernes. Petri decidió hacer la tentativa y el 27 de diciembre viajó en avión hasta Benalmádena, cerca de Málaga, en el sur de España, donde está la clínica central. "Yo estaba en un sillón de ruedas, pero llevé conmigo sólo un marchador y las muletas. 24 horas después de mi llegada comencé a entrenarme seriamente, ¡determinado a volver a andar! Tuve que empezar desde el principio. Primero debí aprender a moverme lentamente y a andar a gatas como un niño." A esta altura su determinación le hizo bien. "Desde que tenía 13 años que mi pasatiempo ha sido siempre el atletismo. Con el paso de los años aprendí a no ceder ante el primer obstáculo," dice Petri. A él le gusta hacer entrenamiento adicional durante las mañanas y las tardes, así como también días adicionales de entrenamiento. - "¡A andar se aprende solamente andando, y a hablar, hablando! Aunque la cuestión no es tan simple como levantarse y comenzar a andar," dice Petri, y añade que a veces el entrenamiento le ha resultado duro. "No todos los días son alegres y resplandecientes". La terapia ha dado resultado! Después de cuatro semanas en España, Petri ya pudo andar distancias cortas sin muletas, y luego de cinco meses, distancias aun más largas al aire libre. Cuando los padres de Petri vinieron a buscarle, en mayo de 2001, apenas pudieron creer lo que sus ojos veían. - "Su cara tenía un aspecto diferente y también había adelgazado", señala su madre Hilkka, alegre por haber recuperado a su hijo. Ahora Petri anda completamente sin muletas. Puede ser que con un poco de inseguridad, ¡pero de todas maneras anda! Su habla es casi normal, y como su brazo derecho no le obedece plenamente, Petri también ha entrenado su brazo izquierdo. Es por eso que ahora él puede trabajar con su coche en el garaje. - "Pero aún no he intentado esquiar", expresa Petri con una sonrisa. Sin embargo, el verano pasado montó nuevamente en la moto. - "Sí, pero... ¡sentado detrás de mi padre!" A pesar del accidente, la familia Salo, originariamente oriunda de la ciudad de Oulu, Finlandia, no teme montar en motocicletas. A Keijo, el padre, a Hilkka, la madre, a Matti, el hermano mayor, de 29 años de edad, y a Petri, el hermano menor, a todos les encanta montar en motocicleta. - "No se le puede temer a todo. Eso no es vida," dice Petri, y añade que su madre Hilkka recibió una moto propia como regalo de cumpleaños de 50. Él está muy agradecido por el apoyo de su madre y de toda su familia. - "De otra manera no estaría en esta buena situación", afirma Petri, que también está complacido por el apoyo de todos los amigos que le ayudaron. Hasta las obras de renovación de la casa ya se han completado, y ahora la vida cotidiana de Petri es más fácil. Él también recibe ayuda de un asistente personal. - "Aún no tengo equilibrio perfecto", dice Petri, y añade que necesitaría otra serie de terapia en la clínica que está en España, pero el Consejo provincial no la quiere pagar. A Petri le parece extraño que así sea, puesto que hasta ahora él mismo ha pagado la terapia, con dinero prestado. - "A la sociedad le costaría mucho menos si Petri pudiese mejorar tanto como para volver a trabajar", reflexiona su madre Hilkka, que ayuda a su hijo a apelar contra la decisión del Consejo provincial. La familia se ha puesto en contacto con un abogado, y está dispuesta a dirigirse a la Unión Europea para solicitar asistencia. "Puede ser que esta gente no conozca las resoluciones de la corte de Luxemburgo sobre el hecho que la población puede ir a recibir tratamiento médico en otro país comunitario", indica Hilkka mientras esparce papeles sobre la mesa de café. De momento Petri está usando en casa su bicicleta de entrenamiento, nada en una piscina y se ejercita diariamente en un establecimiento de fisioterapia y en la sala de deportes de Haparanda.
Él se niega a estar resentido. Más que nada piensa en la suerte que tuvo en su accidente.
- "Después del accidente tuve asistencia casi inmediata. Una de las primeras personas en el lugar del accidente fue una enfermera competente".
Otro incidente le hace recordar que todo podría haber sido mucho peor. El 19 de junio de ese mismo verano, un amigo de Petri perdió la vida en otro accidente de motocicleta. "Mi amigo fue atropellado por un automovilista borracho", dice Petri con una expresión muy seria.
Petri lleva una vida sosegada. Su meta es volver a trabajar. Y por más que suene a osadía, también piensa volver a montar en motocicleta.
- "Si te entrenas, puedes mejorar. Todo es posible", asevera con determinación Petri Salo, el joven de 27 años de edad.
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El lento adelanto
de Jukka Lehesaari desde su accidente |
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De una probabilidad de estadística, hacia la luz - "Caminé por primera vez alrededor de la laguna sin muleta; son al menos 300 metros", dice Jukka Lehesaari, complacido de poder andar bajo el radiante sol primaveral de España. Durante el último año él se ha acostumbrado demasiado a su muleta de codo. Jukka había trabajado en Finlandia en el grupo de congregaciones de Turku y de Kaarina como pastor de estudiantes y del servicio parroquiano internacional. Alguien en la clínica dijo que "no hay que enamorarse de los aparatos de ayuda". Y Jukka decidió probar cómo funciona en la práctica la seguridad de andar que le dio la fisioterapia. - Me fue bien. Con la muleta he echado carreras con Petri, pero él se cae con demasiada facilidad aunque no tenga la muleta. Lleva cinco años entrenándose. |
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La hora cero de Jukka es el 13 de setiembre de 2001. A partir del momento del accidente la vida se cuenta hacia adelante y se recuerdan días del pasado. A ese momento Jukka retorna todos los días. Y de ese momento él parte cada mañana. En la mente de Jukka los instantes del accidente se han repetido cientos de veces como una película. En su mente para cada detalle hay una pregunta seria: ¿Por qué? "La recuperación de un ataque de apoplejía lleva tiempo. Requiere paciencia", dijo un médico del hospital de Turku al relatarle a Jukka, en su cama de paciente, qué significan los síntomas posteriores a este accidente. Le dijeron que hay que vivir "un día a la vez". - Siempre me han gustado las diversas actividades físicas: esquiar, montar en bicicleta, correr. Y también las tareas manuales, como por ejemplo construir y hacer muchas otras cosas. En el hospital me di cuenta que estaba paralítico. No podía hacer nada de lo que había hecho antes. - Me resultaba difícil creer que eso me había sucedido a mí. En mi vida había experimentado muchas cosas buenas. ¿Por qué Dios no me había protegido? ¿Qué alegría era para Él esta clase de vida? - Entre mis primeras sensaciones me sentí una persona ajena a todo. Ya no podía vivir la vida a la que estaba acostumbrado. La casa, el trabajo, las relaciones con la gente... todo debería comenzar de nuevo. Después de semanas tuve otro pensamiento: tal vez nunca más volveré a ser sano. Me es realmente muy duro aceptar esa posibilidad. Ha sido difícil admitir esta clase de cambio en mi vida. Es cierto que hasta mi fe está en crisis. El tiempo mostrará de qué manera ésta cambiará. Estrategias para superar las dificultades - Rezo mucho. Mis oraciones se han simplificado: quisiera volver a ser sano. También estoy mucho tiempo en silencio y simplemente existo. En esos instantes puedo mirar mi mano enferma y decirle: ya podrías ponerte en movimiento. - Me siento bien cuando mis amigos me tocan y rezan por mí. Para mí ha sido muy importante notar que tengo tales amigos que se atreven a tocar a un enfermo, que alguien le ruega a Dios por la salud de otra persona. - Leo la Biblia, el Libro de los Salmos. En Salmos he hallado muchas promesas. Es como si yo estuviera en el agua, soportado por las promesas de Dios: Él curará todos mis males... Dios puede ayudar y curar. La gente es importante - Durante esta crisis
la gente me ha sido realmente importante. Especialmente los que vinieron
a verme los primeros días en el hospital: mis hijos, parientes
cercanos, amigos. Me entreno y entreno - Aquí en la clínica de Málaga voy a estar 20 semanas en terapia dinámica coordinada. Por las mañanas me entreno tres horas con un fisioterapeuta finlandés. Ando sobre la cinta de correr y en especial hago ejercicios de manos y pies con la bicicleta estática. Diariamente doy de 15.000 a 17.000 giros con el aparato. Luego me entreno levantándome de la silla y también andando. Más tarde tenemos una pausa para comer y descansar. Por las tardes hago los mismos ejercicios durante otras tres horas. ¡Es imprescindible dedicarse plenamente al entrenamiento! - Así poco a poco se logran adelantos. El sillón de ruedas fue abandonado en mayo de 2002, en octubre del mismo año nadé 20 metros, y ahora en febrero anduve por primera vez sin la muleta una distancia tan larga. Hay que aprender de nuevo las cosas. Esto requiere mucha ejercitación y paciencia. A la pregunta de ¿es Dios injusto al permitir que tales cosas le ocurran a una persona? Jukka responde con cierto brillo en sus ojos: Son muchas las invalideces que ocurren cada año. Esa es una probabilidad de estadística. ¡De otra manera esto no tendría ningún sentido! Markku Ahlstrand Reproducido con
autorización de la publicación finlandesa |
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